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domingo, 30 de diciembre de 2018

Cinco poemas para leer a Sophia de Mello Breyner Andresen



La sencillez en la literatura y -más concretamente- en la poesía. Alguna vez la escritora brasileña Clarice Lispector dijo: "No se equivoquen, la sencillez sólo se logra a través del trabajo duro". En el ambito poético sobran los ejemplos de este tipo, pero hay uno en concreto que sorprende por la fuerza de su concisión y por lo que llega a evocar: la poesía de la autora portuguesa Sophia de Mello Breyner Andresen (Oporto, 1919 - Lisboa, 2004) es un ejemplo notorio de sencillez. En pocas líneas, conjuga una intensidad sentimental inmensa, pero también combina simbolismos y alegorías, a los que suma una gran fascinación por la antigüedad clásica y sus temas, producto de sus primeros años de estudio en Filología. Al ser la poesía una vocación que desarrolló desde muy temprana edad (a los doce años ya escribía poemas), su evolución y constancia fueron aumentando con el pasar de los años. En sus tiempos universitarios se codeó con autores como Rui Cinatti o Jorge De Sena, y empezó a involucrarse en movimientos universitarios católicos. A finales de los años cuarenta comenzó a notarse una evolución en la temática de sus poemas, que empezaron a orientarse hacia temáticas sociales. El tema de la justicia en favor de los sectores más vulnerables de la sociedad se sumó a esa raigambre religiosa y clásica que sus composiciones ya mostraban y le hicieron dar un salto de calidad en su estética, de este modo se posicionaría como una importante voz en contra del régimen salazarista (1930-1975) en Portugal.

Si hay algo distintivo en la poesía de la autora lusa, es el tema de la noche en contraposición al día, la oscuridad en contraposición a la luz (o lo blanco); es decir, la posibilidad del resurgimiento tras una noche oscura de ignorancia, violencia y mentiras, muy a tono con la época en la que desarrolló mayormente su obra. Lo eterno y lo perecedero también son otra constante en sus versos.

Su poética representó una resistencia a las imposiciones normalizadoras del gobierno filofascista portugués y celebró su caída cuando aconteció la Revolución de Los Claveles, protagonizada en principio por capitanes rebeldes del ejército en aquel país que lograron aunar el descontento en las masas portuguesas debido a la situación de empobrecimiento de la clase trabajadora, sumado a la impopularidad y el aislamiento como producto de las guerras coloniales. El papel de la escritora, en tiempos previos a la Revolución, no se reduciría solamente a lo artístico, ya que sería cofundadora de la Comisión Nacional de Ayuda a los Presos Políticos y presidenta de la Asociación Portuguesa de Escritores. Luego, tras la Revolución, sería electa diputada por el Partido Socialista portugués para la Asamblea Constituyente.

En 1999 se convertiría en la primera mujer distinguida con el premio Camoes, el mayor galardón que se otorga en la literatura en lengua portuguesa.

Falleció en el año 2004.

Dejó una obra compuesta por poemarios, cuentos infantiles, obras de teatro y ensayos. En poesía destacan las siguientes obras: Poesía (1944), No tempo dividido (1954), Mar novo (1958), Livro sexto (1962), Geografia (1967), Dual (1972), O nome das coisas (1977), O búzio de Cós e outros poemas (1997).

A continuación, seis poemas de Sophia de Mello Breyner Andresen traducidos por el autor de esta nota:


De un amor muerto

De un amor muerto queda
Un pesado tiempo cotidiano
Donde los gestos se desvanecen
A lo largo del año.


De un amor muerto no queda
Ninguna memoria
El pasado se rinde
El presente lo devora
Y los navíos del tiempo
Agudos y lentos
Lo llevan fuera.


Pues un amor muerto no deja
En nosotros su retrato
De infinita demora
Es apenas un hecho
Que la eternidad ignora.


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Data

(a la manera de Eustache Deschamps)

Tiempo de soledad y de incerteza
Tiempo de miedo y tiempo de traición
Tiempo de injusticia y de vileza
Tiempo de negación.


Tiempo de cobardía y tiempo de ira
Tiempo de mascarada y de mentira
Tiempo que mata a quien lo denuncia
Tiempo de esclavitud.


Tiempo de los conspiradores sin registro
Tiempo de silencio y de mordaza
Tiempo donde la sangre no tiene rastro
Tiempo de amenaza.


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A pesar de las ruinas

A pesar de las ruinas y de la muerte,
Donde siempre acabó cada ilusión,
La fuerza de mis sueños es tan fuerte,
Que de todo renace la exaltación
Y mis manos nunca quedan vacías.


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Revolución

Como casa limpia
Como suelo barrido
Como puerta abierta


Como puro inicio
Como tiempo nuevo
Sin mancha ni vicio


Como la voz del mar
Interior de un pueblo


Como página en blanco
Donde el poema emerge


Como arquitectura
Del hombre que yergue
Su habitación
.



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Las personas sensibles

Las personas sensibles no son capaces
De matar gallinas

Pero son capaces
De comer gallinas


El dinero huele a pobre y huele
A ropa de su cuerpo
Aquella ropa
Que después de la lluvia se secó sobre su cuerpo
Porque no tenían otra
Y el dinero huele a pobre y huele
A ropa


Que después del sudor no fue lavada
Porque no tenían otra

<<Ganarás el pan el sudor de tu frente>>
Así nos fue impuesto
Y no:
<<Con el sudor de los otros ganarás el pan>>


Los vendedores del templo
Los constructores
De las grandes estatuas hinchadas y pesadas
Los llenos de devoción y de provecho


Perdónalos, Señor
Porque ellos saben lo que hacen.


jueves, 8 de noviembre de 2018

Cinco poemas para leer a Carlos Drummond de Andrade



Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Minas Geiras, 1902 - Rio de Janeiro, 1987) fue un poeta, periodista y funcionario público brasileño. En 1925 edita, junto a otros escritores la publicación La revista, la cual ayudó a la difusión de autores del naciente Modernismo brasileño, movimiento literario que buscaba la renovación de las formas estéticas y sacar al país de su aislamiento y atraso artístico. La poesía de Drummond es de un diálogo universal, desde su primer poemario titulado Alguma poesia (1930). Contemporáneo de otros poetas como Oswald y Manuel de Andrade, Cecília Meireles y Manuel Bandeira, entre otros, Drummond apostaba por una poesía mucho más directa y frontal haciendo eje en diversos problemas metafísicos. En sus composiciones, la soledad es un tema fundamental y se puede vislumbrar un existencialismo muy propio de la época, pero también una aguda crítica social (el autor estuvo ligado durante algún tiempo al Partido Comunista brasileño y era un declarado antifascista). La ironía que empleaba y su voluntad de alejarse de un excesivo lirismo fueron otras de las características de su impronta. Cabe señalar su propia definición de la labor poética que había desarrollado: "Confío en que la poesía fue una vocación, aún cuando no haya sido una vocación desarrollada consciente o intencionalmente. Mi motivación fue la siguiente: intentar resolver, a través de versos, problemas existenciales internos. Son problemas de angustia, incomprensión e inadaptación al mundo."

Murió en 1987, doce días después de que falleciera su hija.

Entre sus obras más destacadas figuran: Alguma poesia (1930), Sentimento do mundo (1940), A rosa do povo (1945), Quadrilha (1954), Liҫão de coisas (1964), Boitempo (1968), As impurezas do branco (1973), A paixão medida (1980) y Amar se aprende amando (1985).

A continuación, cinco poemas traducidos por el autor de esta nota:


LA PALABRA MÁGICA

Cierta palabra duerme a la
sombra
de un libro raro.
Cómo desencantarla?
Es la señal de la vida,
la señal del mundo.
Voy a buscarla.

Voy a buscarla la vida entera
en todo el mundo.
Si el encuentro tarda, si no la
encuentro,
no desanimo,
busco siempre.

Busco siempre, y mi búsqueda
terminará siendo
mi palabra.

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CIERTAS PALABRAS

Ciertas palabras no pueden
ser dichas
en cualquier lugar y
cualquier hora.
Estrictamente reservadas
para compañeros de confianza,
deben ser sagradamente
pronunciadas
en un tono muy especial
allá donde la policía de los adultos
no adivina ni alcanza.

En tanto, son palabras simples:
definen
partes del cuerpo, movimientos,
actos
de vida que sólo los grandes se
permiten
y a nosotros es defendido por
sentencia
de los siglos.

Y todo está prohibido. Entonces,
hablamos.

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DESPERDICIO

Soledad, no te merezco,
porque te consumo en vano.
Aún sabiendo tu precio,
calco tu oro en el suelo.

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EL ENTERRADO VIVO

Es siempre en el pasado aquel orgasmo,
es siempre en el presente aquel doble,
es siempre en el futuro aquel pánico.

Es siempre en mi pecho aquella garra.
Es siempre en mi tedio aquel acento.
Es siempre en mi sueño aquella guerra.

Es siempre en mi trato el amplio destrato.
Siempre en la misma firma la antigua furia.
Siempre en el mismo engaño otro retrato.

Es siempre en mis saltos el límite.
Es siempre en mis labios la estampilla.
Es siempre en mi no aquel trauma.

Siempre en mi amor la noche rompe.
Siempre dentro de mí mi enemigo.
Y siempre en mi siempre la misma ausencia.

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MEMORIA

Amar lo perdido
deja confundido
este corazón.

Nada puede el olvido
contra el sinsentido
apelación del No.

Las cosas tangibles
se vuelven insensibles
en la palma de la mano.

Pero las cosas lindas,
mucho más que lindas,
esas quedarán.

jueves, 18 de octubre de 2018

Guido M. Delía - "Cumbia y religión" (2017)



Lejos de la poesía del yo y del realismo sucio, en su primer libro de poemas titulado Cumbia y religión, Guido M. Delía (Buenos Aires, 1988) nos regala una obra en la que la comparación con Carver es recurrente; pero el autor crea un universo propio donde el silencio se impone para dar lugar a lo epifánico, a todo aquello para lo que no se encuentran palabras.

El grupo indie vasco Le Mans tenía un tema en su primer disco que se llamaba Jersey inglés. En aquella canción, Teresa Iturrioz cantaba: "No sé si soy feliz porque hace frío/ o por saber lo que voy a oír./ Bailar en la cocina de mi casa/ puede ser una razón.". La canción suena demasiado sencilla, simple, y sin embargo detrás de la cotidianeidad que describe, parece encerrar algo además de esa felicidad transitoria que describe. Algo muy parecido sucede con el primer libro de poemas de Guido M. Delía titulado Cumbia y religión, publicado en 2017 por la editorial Caleta Olivia, En sus composiciones, comparables al estilo del estadounidense Raymond Carver, Delía nos muestra un mundo de una cotidianeidad irremediable, de un paso del tiempo apenas atenuado por instantes de reflexión. Su estilo se basa en una sucesión de imágenes, pero también en un deslizamiento a través de las palabras y el espacio-tiempo que éstas habitan.
                    
          Ya desde ¿Cuánta gente tiene miedo?-poema que inaugura el libro- Delía nos adentra en un mundo donde lo que prima es una sensación de espera. De esperar lo que no se tiene, lo que se anhela, pero también lo que no se puede decir. Mientras tanto, el tiempo corre inexorablemente, pero tampoco hay indicios, en esa espera, de que algo efectivamente pueda cambiar: "Siempre en un círculo al que no puedo romper./ Siempre jugando a la vida que no mata./ Siempre con el llanto de la distancia/ que calma un tiempo ausente. Siempre con miedo." En Nada tiene sentido, la sensación de espera y de circularidad inquebrantable se intensifica, y el yo de la enunciación se ubica en un lugar de espectador en el que nada le pertenece y todo se le escapa de las manos: "Todo tiene que servir. Nada está preparado para que no tenga relación./ Todo está bien o mal pero nada incorporado a algo./ ¿Es eso vivir entonces? ¿Que nada sea parte de algo? ¿O que nada sea mío?".
        
          El aburrimiento, el tedio y la monotonía se hacen presentes en Tele todo el día, un poema que da cuenta de la vaciedad y sirve como un lamento del tiempo perdido, verdadera causa de una soledad que se retroalimenta: "Miraba tele todos los días./ Esa fue mi rutina varios años./ Con la cabeza para abajo, y las piernas/ tocando casi el techo./ Veía la imagen/ dado vuelta. Porque ya aburrido/ No podía aguantar la soledad." En Ya sé, se deja entrever que este período de espera también otorga sus lecciones: "Ya sé esperar lo que no llega./ Ya sé que los hombres de vello son mansos./ Ya sé que el filo no es tan filoso./ Y la mano extendida no es tan preciosa." Pero la honda melancolía vuelve a reflotar en La tranquilidad de casa ("La tranquilidad de casa/ habita su sitio de privilegio/ como un hogar que suspira recuerdos/ en la nube colorida del dolor").
         
          En La muerte, las conversaciones con un amigo pueden ser el disparador para reflexionar acerca de lo efímero de la vida: "De a poco voy sintiendo que la muerte será/ es (o no) un silencio deformado en situaciones/ que alguna vez viviré." Este silencio parece ser el principal obstáculo de un sujeto inmerso en la monotonía, consciente de lo huidizo que es el presente. Una manera de lidiar con este presente, tal vez sea asumir esos silencios, del mismo modo que se asumen los errores, tal parece ser la única manera de aprender en Cometo errores: "Es sabido que cometo errores, como todos./ Y que guardo silencio, mientras almuerzo./ Yo callo por eso. Me queda perfecto".
            
           A través de toda la obra, se suceden las diversas formas en que el sujeto trata de atenuar el peso de la existencia: salir a tomar cerveza con amigos, escuchar cumbia, ver televisión, comer en un restaurante o ir a la cancha. Todas son formas de distraerse del vacío, y sin embargo después de todas esas experiencias lo único que queda son las imágenes y algo oculto, inexpresable, que sólo asoma en instantes epifánicos, pero que no se muestra del todo. Lo que parece decir Delía en sus páginas es que tal vez la vida sea eso: buscar constantemente algo que sólo se nos puede revelar parcialmente, y una forma de búsqueda ha de ser la poesía: "Quiero ser poeta sin dinero. Para que me digan/ cosas de alguien desconocido. Y hablarles/ a ellos para calmar mi alma rejuvenecida/ por la lírica de la constelación del día/ que hace los sueños verdaderos" afirma en el poema que cierra el libro.
         
           La poesía se muestra como destino y como manera de hacer frente a una realidad inaprensible, como un modo de no sucumbir ante lo irremediable. En este sentido, el título del libro plantea una interesante dualidad: por un lado, la cumbia, que parece un ritmo siempre igual pero que aparece de formas distintas; por otro, la religión, pero no en el sentido de ninguna institución, sino más bien de algo espiritual. En medio del ritmo ajetreado que plantea la vida, es preciso escuchar sus silencios para saber apreciarla y, al mismo tiempo, es preciso aquietar el espíritu para después transformarlo. Sin silencio no hay música, y sin quietud no hay movimiento. Tales son los principales temas que plantea este buen -y recomendable- debut literario.